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En primera persona: una de las mejores decisiones de mi vida

Arranqué en Julio y mi cursada fue toda virtual por la pandemia, pero no implicó nada en contra. Me encantó que era una dinámica totalmente diferente a la que estaba acostumbrado. Empecé el bootcamp y empezamos a trabajar con todo. Al tener un compañero de equipo por día vas conociendo a todos y se a genera un sentimiento de pertenencia en la comunidad.

En primera persona: una de las mejores decisiones de mi vida
Alumni destacado Julian Oviedo Lopez Software Engineer Más sobre Julian
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En primera persona: una de las mejores decisiones de mi vida



La importancia de experimentar

Cuando era chico, al inicio de la primaria, ya me interesaba el mundo de la tecnología. Una de las primeras cosas que hacía era meterme y modificar los juegos, les agregaba cosas. Así experimenté un poco de este gusto a la tecnología. Después empecé a estudiar ingeniería industrial. No hay tanta tecnología, pero sí te dan una introducción a lo que es programación. Me quedé con ganas de saber más, entonces cuando me recibí a los 24 años, hice un curso de programación part-time. Si bien estuvo bueno, no fue lo que yo esperaba. No pude consolidar conocimientos copados acerca de la programación. Hacia fines de 2019 pensaba y planificaba meterme más de lleno. Pero también se interpuso uno de mis proyectos de vida que era irme de work and holiday a Alemania, así que a principios de año me fui. Vi que la situación de la pandemia no iba a cambiar demasiado y decidí volver con idea de dedicarme absolutamente a la programación.

Un amor oculto

En los trabajos que tuve siempre terminaba haciendo algo sobre programación, aunque sea para automatizar un Excel. Trabajé mucho en áreas cercanas a programación, me encontraba mucho con análisis de indicadores y con tareas manuales que eran automatizables con pocas líneas de código. Me motivaba y me encantaba meterme hasta quemarme la cabeza tratando de dilucidar cómo automatizarlo. Te consume mucho menos tiempo que hacerlo manual una vez por mes. Seguí mi carrera de ingeniero hasta que entré a un trabajo de Business Intelligence. Conocí SQL, trabajé con Python y por el uso de indicadores y base de datos, descubrí ese amor por la programación.

Encauzando la búsqueda

Cuando volví a Argentina empecé a investigar acerca de qué curso podía hacer. Una de las cosas que encontraba es que algunos eran dos veces por semana o de un cuatrimestre y la tabla de contenidos era medio vaga. No terminaba de cerrarme por ningún lado. Ahí fue que conocí el concepto de bootcamp por las redes. Quería uno con dedicación full-time para poder dedicarle y aprender en el menor tiempo posible. Encontré tres, entre ellos Le Wagon, y empecé analizar por qué elegir uno sobre el otro. Había cuestiones principales que eran duración, precio, lenguaje, proyecto final y cómo me sentía en el inicio en la entrevista para conocer la comunidad. Por ejemplo, había uno que me gustaba, pero el proyecto final era lo que ellos te decían e inamovible. Así que ahí me perdieron porque una de las cosas que quería era crear. Por esas cosas, me cerró por todos lados Le Wagon.

Arranqué en Julio y mi cursada fue toda virtual por la pandemia, pero no implicó nada en contra. Me encantó que era una dinámica totalmente diferente a la que estaba acostumbrado. Empecé el bootcamp con esta modalidad y empezamos a trabajar con todo. Al tener trabajos diarios que implican un nuevo aprendizaje y un compañero de equipo por día vas conociendo a todos y se empieza a generar un sentimiento de pertenencia en la comunidad. Eso, creo que después, es lo que más se valora. En mi caso particular, por haber estudiado ingeniería quizás tenía más desarrollado el pensamiento lógico, es la única diferencia que sentí respecto al resto. Creo que el bootcamp tiene un nivel de complejidad muy bueno como para salir al mundo laboral, pero superó mis expectativas. Esperaba adquirir mucho de aprendizaje, pero no me imaginaba el background: el apoyo de profesores, las actividades, la comunidad. Fue una de las mejores decisiones que tomé en mi vida.

La salida a un nuevo mercado

Una vez que egresé empecé a desarrollar un proyecto mío y tomé algunos trabajos freelance que estuvieron buenísimos porque de ahí sacas un montón de aprendizajes. Ahí me ofrecieron un trabajo part-time donde tenía de jefe a un profesor que había tenido. Una de las mejores cosas del bootcamp es cómo te ayudan a preparar tu perfil en LinkedIn, que claramente para lo que es el mundo tecnología es clave porque ahí está la mayor cantidad de movimiento en cuanto a ofertas laborales. Ahí estuve 6 meses en donde aprendí muchísimo. Fue espectacular. Si bien era part-time, todos los días era aprender cosas nuevas.

Muchos dicen que el primer trabajo es súper importante y yo lo sentí así. Porque me siguió dando ciertas herramientas que con el bootcamp necesitabas más tiempo para desarrollarlas. No es cosa de practicarlo en el bootcamp y listo, hay que continuamente reforzarlo. Para aprender cómo se buscan las cosas, cómo se leen, etcétera, se necesita de la experiencia y el tiempo. Eso fue lo que el primer trabajo me dio: habilidad de saber cómo verme, cómo desarrollarme en el ámbito laboral y encontrar nuevos desafíos que no tenía en el bootcamp porque la complejidad llegaba hasta cierto punto.
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