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En primera persona: la base de la programación es compartir conocimientos

Esas 9 semanas fueron intensas, pero nunca perdí la motivación. Al final hice nuevos y buenos amigos en Le Wagon, el driver de Madrid, los profesores, los compañeros. Ahora estoy en el equipo de back-end de una startup colombiana, y específicamente mi tarea es la de crear lógica o nuevas especificaciones para ser utilizadas en la aplicación móvil.

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En primera persona: la base de la programación es compartir conocimientos



Una historia que impulsó el objetivo

Ingresé a Le Wagon porque era enfocado en personas que querían crear algo. Mi objetivo era hacer una plataforma para que cuando se pierda una mascota los dueños lo puedan encontrar. Surgió a raíz de una experiencia personal. En 2017 mi perrita se extravió por cinco o seis días y en ese momento solo pudimos pegar carteles y hacer anuncios en páginas de Facebook de personas que buscan animales. Lo hacíamos todos los días, recibíamos llamadas, pero no era la mascota. Ahí pensé que no era tan eficiente publicar en Facebook y que sería bueno tener algo centralizado.

La idea incluye incorporar Tags BLE (Bluetooth Low Energy) que tenga Bluetooth Energy, que es básicamente el concepto que utiliza Apple con los airtags para localizar objetivos: a más usuarios que existan, más fácil es de rastrear. Por suerte con mi perrita a los siete días tuvimos noticias y confirmamos que era. Se había ido muy lejos. Todavía no llevé a cabo ese proyecto, pero fue el que me movilizó para hacer el cambio.


Resolver los problemas propios

En 2013 me había graduado como ingeniero en telecomunicaciones en Perú y empecé a trabajar como ingeniero de redes con aplicaciones de comunicaciones unificadas en una empresa panameña con filial en Perú. Lo que tenía que hacer era configurar equipos y dar solución a los problemas que aparecían, algunos tenían que ser escalados y había que esperar a que el fabricante saque algún parche. Ahí empezó el tema de querer tener un producto y ser uno mismo quien lo resuelve.

Trabajé hasta el 2019 que quería empezar de cero. Estaba evaluando alternativas, en qué campo de tecnología meterme y recordé que en la universidad habíamos hecho cursos de programación, algo que me entusiasmaba, pero que por temas de trabajo lo había dejado de lado. Me tomé un año libre para considerar opciones y ver si me convenía hacer una maestría o un bootcamp que te permite ingresar al área de programación de manera acelerada.


Cambio de planes por pandemia

Entre la investigación de diferentes escuelas encontré a Le Wagon porque tenía buen rating y porque el programa en sí me llamo la atención. Principalmente por lo que decía de crear un producto. Como quería tener la experiencia de viajar también, a mediados de abril de 2020 me postulé al bootcamp de Madrid, hasta que empezó la pandemia, me cancelaron el vuelo y decidí no hacerlo. Pasaron unos meses y en julio opté por el remoto porque quería hacerlo lo antes posible, así que fue todo desde Perú.

La primera semana fue bastante dura por la diferencia horaria. De hecho, fui el único alumno en remoto, entonces era un poco extraño verme sólo en el Zoom. Salvo esa semana que fue medio rara, la experiencia en sí estuvo buena. El staff me apoyaba bastante en ese sentido. Esas 9 semanas fueron intensas, pero nunca perdí la motivación. Al final hice nuevos y buenos amigos en Le Wagon, el driver de Madrid, los profesores, los compañeros. No los pude conocer aún, aunque pronto iré porque todavía tengo el ticket.

El bootcamp está enfocado en el producto específico y para emprendedores. Si una persona tiene una idea de qué crear, le va a dar herramientas para hacerlo.

Un proyecto para financiar ONG

Mi proyecto al final fue algo que se llamó Handers, un Marketplace donde las personas podrían colocar objetos que no necesitan y ofrecerlos a otras. Como una tienda de segunda mano. Pero lo interesante es que todo el dinero recaudado iba para una ONG, que tanto el vendedor como el comprador eligiesen. Técnicamente usamos geolocalización para indicar la ubicación de los productos y de los clientes. Esto era lo que más me gusta o me interesa de todas estas aplicaciones. Me parece muy interesante como se consigue la información, como la trabajan y cómo se crean las rutas. Me gusta entender cómo trabajan ese tipo de automatizaciones.

Hicimos también cosas con chats en tiempo real para acordar entregas y una pasarela de integrando la librería de Stripe. El proyecto era grupal y lo hice con tres personas más. Nos organizamos en dos equipos: uno que ve el Front-end y otro del Back-end. Yo estaba en este último.

La importancia de compartir conocimientos

Ahora estoy en una startup colombiana de logística que tiene una aplicación en la cual uno puede agendar servicios de envíos y de paquetería. Tiene una lógica muy parecida a la de Uber, Pedidos Ya o Rappi. Estoy en el equipo de back-end y específicamente mi tarea es la de crear lógica o nuevas especificaciones para ser utilizadas en la aplicación móvil. Trabajo con un compañero que es el encargado de la app y mi tarea es darle soporte en todos los requerimientos a nivel lógico.

Yo creo que el ecosistema de los programadores se basa en gente que quiere compartir el conocimiento. Con la experiencia que tuve hasta ahora y las personas que he conversado, están dispuestas a ser mentores o a ayudarte con cosas que no conoces. Eso también me motivó a ser parte del equipo de Le Wagon ahora como Teacher Assistant, tarea que vengo desarrollando desde hace un par de semanas en el primer batch de Perú. La colaboración es algo que caracteriza a este rubro y muchas personas tienen estas ganas de enseñar. Hoy es una de las cosas que más destaco y un poco se lo debo al incidente que tuve con mi mascota y la necesidad de crear un producto. Si no era por eso, no sé si hubiera entrado en este mundo.
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