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Curso de programación: 3 lecciones aprendidas más allá del código

Los cursos de programación al estilo "bootcamp" han nacido con la promesa de formar a desarrolladores en tiempo record. Pero más allá de la promesa de encontrar trabajo, existen aprendizajes de gran valor (y no tan obvios) que deberías considerar.

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Cuando una nueva tecnología, práctica de negocio o metodología de gestión irrumpe en el mercado, observamos siempre una tendencia a dividir opiniones: unos abrazan la novedad ciegamente, otros se convierten en fervientes detractores.

Pero más allá del pensamiento binario, existe una corriente que intenta aportar cierta racionalidad al debate, que espera pacientemente que determinada tecnología o tendencia madure, observa e investiga resultados obtenidos por ‘early adopters’ y que, finalmente, intenta tomar una decisión lo más objetiva posible. 

En este escenario, no sé muy bien a qué grupo pertenezco. A veces me dejo llevar por la emoción - me gasté gran parte de mis ahorros en nuevas versiones del iPhone. Otras me he visto luchando contra la corriente - mientras todos hablaban de Six Sigma yo tenía urticaria.

Sin embargo, desde que escuché sobre bootcamps (cursos de programación intensivos) por primera vez, he decidido observar el movimiento con atención. 

Orígenes de los cursos de programación intensivos (“bootcamps")


Los cursos de programación al estilo "bootcamp" surgieron en Estados Unidos allá por el año 2011 con una clara y ambiciosa propuesta de valor: formar a desarrolladores en tiempo record para suplir la demanda desenfrenada de programadores e ingenieros de software del mercado tecnológico.. 

El boom estalla a partir del año 2014, y un par de años después, el gobierno Obama anuncia ayudas para incentivar el nuevo modelo educacional y fomentar que jóvenes estadounidenses pudieran acceder a una formación profesional con futuro garantizado.
"Búsquedas Coding Bootcamp en Google"
Por aquel entonces también se inician las controversias, con muchas voces críticas, que contrarrestan los fulgurantes datos de crecimiento del sector. Servicios de comparación de cursos de programación con reseñas y opiniones de alumnos se hacen hueco, tal como Switchup y Coursereport

Mi interés por el código


Gran parte de mis responsabilidades durante casi 15 años de vida profesional como Product Manager han sido crear y mejorar la performance de productos digitales - más usuarios, mejores tasas de conversión, retención y monetización.

En mis inicios como Content Manager de un banco en el año 2000, pasé largas horas sentado al lado de mi compañero Rodolfo, programador web, actualizando contenidos de hipotecas, tarjetas de crédito y otros productos financieros directamente en el código. Yo le apuntaba el texto mientras el introducía títulos y párrafos entre tags de HTML. 

A lo largo de mi carrera gestioné equipos de desarrolladores, he creado user stories, definido roadmaps, y apostado por proyectos sin tener mucho más que nociones básicas de HTML y CSS. Me he frustrado con tiempos de desarrollo y con las relaciones tensas con mis compañeros del equipo técnico. Me sentí impotente cada vez que no cumplía con los plazos de entrega. Pero lo mas importante: he tomado decisiones de negocio equivocadas. 

La brecha entre mis ideas y la ejecución de las mismas era enorme y mis ganas de emprender inhibidas por la falta de apoyo técnico. Por demasiado tiempo he engrosado el coro de los visionarios que piensan que la programación es cosa de geeks. 

Pero todo cambió cuando la empresa donde trabajaba como VP Product se hundió. Entre muchas razones, por la falta de dinamismo para responder a los cambios del mercado y por apostar por ideas costosas que fracasaron. 

En 2015, dejé  mi sólida carrera decidido a iniciar un nuevo viaje: aprender a programar. 

Mi experiencia en un curso de programación de 9 semanas


En el proceso para tomar la decisión de qué bootcamp elegir leí las reviews de Switchup y Cours Rereport, hablé con alumni de distintas academias, descargué el syllabus y me informé sobre lenguajes de programación y frameworks. Las reseñas online de graduados contrastaban mucho con el escepticismo de algunos artículos de opinión. 

Los bootcamps de programación en Europa gozaban en general de muy buena reputación. Así que cuando los datos y hechos recabados superaron mi capacidad para tomar una decisión, decidí escuchar a la emoción y elegir la propuesta que agitaba mi corazón: “Change your life, learn to code”. 

En Octubre de 2015 me mudé a Bruselas para iniciar el bootcamp de Le Wagon, un curso de programación de 9 semanas que parecía tener una filosofía distinta y que se dirigía a gente como yo: personas con formación de negocio y mente inquieta que necesitan ser capaces de ejecutar ideas de manera autónoma, ampliar horizontes profesionales y sentir otra vez que tienen el control de sus vidas. 

Aunque fui advertido de la intensidad del programa, tras dos semanas inmerso en variables, métodos, arrays y loops, mis sensaciones pasaban del miedo a no ser capaz de completarlo a la euforia de solucionar un simple algoritmo. Mi experiencia profesional previa no me ha sido de ayuda. Aprender a programar ha sido sobre todo un ejercicio de humildad.

Completadas las 9 semanas del curso y con mis nuevos super poderes, me he dado cuenta de que aprender a programar me ha enseñado mucho más que el código. He descubierto fortalezas y trabajado en debilidades y no solo he adquirido habilidades técnicas sino que también me descubrí mejor como persona.

Ahora que estoy en el otro lado de la mesa como responsable de un curso de programación en Barcelona, tengo aún mas claros los retos y lo que aporta aprender a programar en nuestra actual sociedad. Aquí comparto los principales aspectos y lecciones aprendidas:

1. Afrontarás desafíos que te superan intelectualmente (y te sentirás capaz de todo)


Programar es sobretodo una manera de pensar. Desafortunadamente la educación tradicional nos da muy pocas oportunidades para desarrollar el pensamiento lógico. En las primeras semanas del bootcamp, la brecha entre la teoría aprendida en una clase de 1,5 hora y la puesta en práctica de los retos diarios, a través de la programación de algoritmos sencillos - como calcular la edad en días o programar un juego de black jack - hace dudar a más de uno de sus capacidades intelectuales. 

El proceso de ingeniería inversa para determinar cuáles son los componentes necesarios y de qué manera interactúan entre sí para lograr la mejor solución técnica para un algoritmo o producto digital, no sucede de un día para otro.

De la misma manera que un escalador entrenará su cuerpo durante meses para lograr escalar una montaña, necesitamos intensificar nuestras conexiones cerebrales para adoptar un raciocinio lógico y ser capaces de ver más allá de la pantalla y visualizar la “Matrix”. 

2. Descubrirás que la tecnología sí impulsa los negocios 


Un mantra repetido por muchos departamentos de producto, ventas o marketing es el de que “El negocio es quién impulsa la tecnología”. En otras palabras, la tecnología aplicada a un producto o servicio se determina con base a las necesidades del negocio, no al revés. 

Mientras estoy de acuerdo con esta afirmación, el curso de programación me ha ayudado a desarrollar un punto de vista que me permite matizar esta creencia: conocer profundamente lo que la tecnología nos permite plantear un universo casi infinito de posibilidades. Es gasolina pura para la creatividad.  

La irrupción de Uber, Airbnb o Deliveroo no ha aportado nada nuevo en términos tecnológicos. Eso sí, han sabido utilizar la tecnología disponible para ofrecer soluciones distintas a problemas ya conocidos: llamar a un taxi y recibir un servicio mejor, encontrar alojamiento cuando los hoteles están saturados o pedir comida y que esta no sea solamente de la pizzería más cercana. 

Aprender a programar es cómo darse cuenta de que existen muchos más rangos de sonido que aquellos que el oído humanos es capaz de escuchar. Y colores de los que podemos ver. 

3. Controlar los aspectos técnicos aumentan la probabilidad de éxito


Siempre me consideré una persona con iniciativa e ideas. En mi profesión me he actualizado constantemente y me he esforzado para evolucionar como Product Manager y líder de equipos y proyectos. Me adapté a la velocidad de las startups, apliqué metodologías Agiles.

He puesto en práctica alguno de los ensañamientos de excelentes autores como Eric Ries (Lean Startup), Simon Sinek (Start with Why) y David Heinemeier Hansson (Rework y también creador del framework Ruby on Rails). Pero nada se compara con aprender a programar

Una persona de negocios puede ser capaz de identificar oportunidades de mercado, plantear excelente soluciones para problemas no resueltos, establecer modelos de negocio lucrativos y sostenibles, crear propuestas de valor convincentes, liderar equipos y comunicar eficazmente.

En otras palabras, dar respuestas a preguntas fundamentales a la hora de establecer estrategias : el  “Qué”, “El Quien” y el “Por qué”. Sin embargo, ¿estará considerando realmente todos los factores a la hora de contestar el “Cómo”?

Aprender a programar me ha abierto los ojos para una realidad incontestable: durante casi 15 años intentando crear valor a través de soluciones digitales, me he dado cuenta de que muchas de mis decisiones fueron tomadas sin considerar todas las posibilidades disponibles. En casi todas, he contado con el apoyo de brillantes profesionales de TI. Pero ellos en cambio no tenían la visión o conocimientos de negocio que yo podía aportar.

Trabajar en un entorno donde cada parte implicada es guardiana exclusiva de determinado conocimiento no impide tener éxito. Pero es cómo participar de una caza al tesoro donde cada uno lleva consigo un fragmento del mapa.Debes encontrar aquellos que llevan la parte que falta, rezar para que hable el mismo idioma y que esté dispuesto a compartir su trozo.

Entender y ser capaz de valorar la mejor solución técnica para construir y escalar tu producto o servicio, significa jugar con todas las cartas de la baraja.

Conocer el camino Vs. recorrer el camino


Una de las preguntas que más escucho en charlas y eventos del mundillo startup es: “Gus, no busco trabajo como programador, tampoco deseo ser un CTO, ¿Hacéis cursos de programación de fin de semana?"

Mi respuesta normalmente suele ser: “Toma la píldora azul: el cuento termina, despiertas en tu cama y creerás lo que quieras creer. Toma la píldora roja: permaneces en el país de las maravillas y te mostraré qué tan profundo llega la madriguera.”
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